martes, 18 de junio de 2013

Como un dolor de muelas...

Cuando empieza el dolor lo ponemos a un lado e ignoramos, deliberadamente, todas las alarmas.
Seguimos avanzando, tan sólo esquivamos el lugar dañado.

¿Cuánto tiempo llevamos sin pasar por allí?
Ha sido fácil olvidar el camino, olvidar que existe un lugar vetado, un área restringida, una zona muerta.

Pero, el haber cogido el atajo, ¿nos ha hecho olvidarnos de él? ¿Realmente ha dejado de existir? ¿Es un dolor de muelas que desaparece sólo con masticar por el otro lado? ¿Estará esperando el bocado fatídico para recordarnos, ya tarde, que necesitamos una intervención de urgencia?

2 comentarios:

  1. Tratar de ignorar el dolor es como bloquear un sentimiento. Quizás consigamos retrasar el efecto del golpe, pero llegará un momento en que termine el bloqueo y tengamos que masticar con el lado dañado, y entonces el dolor se habrá hecho incluso más profundo que en un principio.
    Me has recordado a este texto:
    "Cuando el dolor físico excede unos límites provoca un desmayo, es una defensa, el modo que tiene el cuerpo de desconectarse para dejar de sufrir. El dolor emocional es más difícil de combatir. Cuando se apodera de nosotros nos gustaría desmayarnos, dejar de sentir, dormir y despertar cuando todo hubiera pasado. Pero eso no pasa: el ser humano aguanta y aguanta el dolor para no perder la consciencia, porque sabe que el desmayo por un dolor excesivo podría no tener despertar".

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  2. El tiempo que transcurre entre esos momentos también es una forma de doler. Es tan sólo cuestión de intensidades.

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