estoy en mi mejor momento.
no tengo otro.
martes, 24 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
fotografías de verano 5.
la cola llegaba hasta el siguiente mostrador.
esto no debería ser legal.
Los viajeros se agolpaban unos detrás de otros esperando a que el avión saliese. Colas de horas de pie. así no se podía viajar con dignidad, así que mientras esperabas, en la ley del más fuerte por encontrar el mejor asiento en el avión, tú te sentaste en el suelo a leer.
esto no debería ser legal.
Los viajeros se agolpaban unos detrás de otros esperando a que el avión saliese. Colas de horas de pie. así no se podía viajar con dignidad, así que mientras esperabas, en la ley del más fuerte por encontrar el mejor asiento en el avión, tú te sentaste en el suelo a leer.
martes, 10 de agosto de 2010
fotografías de verano 4.
todas las noches me daban las cuatro de la mañana leyendo.
así, no había quién se despertara a una hora decente y el café siempre venía a la una de la tarde.
Los mosquitos habían hecho lo que querían con mi cuerpo y ahora parecía más un colador que una persona. De hecho, tenía un agujero en el tobillo. Era realmente repugnante.
Aquella mañana tenía mil millones de cosas que hacer, a pesar de ser finales de agosto y todavía no haber empezado la actividad general. Pero yo tenía que ir a saber la noticia más importante de mi vida. Tenía que ir a recoger el papel que diría qué era de mi.
Pero ahí seguía, mirando mi café espumoso, perezosa y tranquila, alargando la espera, cómo si supiese la respuesta.
así, no había quién se despertara a una hora decente y el café siempre venía a la una de la tarde.
Los mosquitos habían hecho lo que querían con mi cuerpo y ahora parecía más un colador que una persona. De hecho, tenía un agujero en el tobillo. Era realmente repugnante.
Aquella mañana tenía mil millones de cosas que hacer, a pesar de ser finales de agosto y todavía no haber empezado la actividad general. Pero yo tenía que ir a saber la noticia más importante de mi vida. Tenía que ir a recoger el papel que diría qué era de mi.
Pero ahí seguía, mirando mi café espumoso, perezosa y tranquila, alargando la espera, cómo si supiese la respuesta.
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